Llevaba años posponiéndolo. Literalmente años. Y no por falta de ganas, sino por una mezcla entre «voy a hacerlo perfecto» y «ya lo haré cuando tenga tiempo». Spoiler: el tiempo no aparece solo. Así que este año me lo puse como objetivo: volver a tener un espacio mío en internet. Y por fin le di un refresh a mi web. Tener una web profesional era una deuda pendiente que tenía conmigo mismo… y con mi propio trabajo.
Lo irónico es que me dedico a diseñar y a construir productos digitales (webs incluidas). Así que sí: en casa del herrero, cuchillo de palo. Pero ya está. Ya di el paso. Aunque todavía me falta lo más importante: recopilar proyectos, escribirlos bien, y compartir mi selección. Pero por algo se empieza.
El clásico «ya lo haré» y cómo se pasan los años
Creo que a muchos nos pasa lo mismo: trabajas para otras marcas, otros productos, otras prioridades… y tu web se convierte en un desastre mental donde guardas el «algún día». Encima, cuando te dedicas a diseño y marketing, el listón te lo pones tú. Eres mucho más exigente (o al menos en mi caso). No te vale cualquier cosa. No te vale un plantillazo rápido. Quieres que tenga sentido, que se vea bien, que cargue rápido, que esté ordenada, que diga algo de ti sin tener que escribir tu biografía completa.
Y ahí es donde se queda bloqueada la cosa. Parálisis por análisis como se suele decir. Porque hacerlo bien lleva tiempo. Pero no hacerlo también tiene un coste: te vuelves invisible en tu propio sector, dependes de lo que otros enseñen de ti y, cuando alguien te busca, encuentra… lo que encuentre. A veces nada. A veces una versión tuya de 2020 que ya ni te representa.
Por qué es importante tener una web profesional
Tener una web profesional no es para hacerte el guay. Es una herramienta de trabajo que te ahorran explicaciones, te filtran oportunidades y te colocan mejor en la cabeza de la gente.
En diseño y marketing hay mucha gente que dice que sabe hacer muchas cosas, pero poca prueba tangible. Y lo tangible no es un PDF perdido, ni un hilo de X, ni un carrusel de Instagram que dentro de dos semanas nadie ve. Lo tangible es un sitio donde todo viva con orden: tu narrativa, tus proyectos, tu forma de pensar, tu manera de medir impacto y, sobre todo y a mi parecer más importante, tu criterio.
Además, si diseñas productos digitales, tu web es casi una demo en directo de tu trabajo. No hace falta decir «me obsesiona la experiencia de usuario» si tu web es clara, rápida y está bien planteada. Se nota. Y si no se nota… también… 🫠
Tu web trabaja cuando tú no estás
Esto es lo que más me gusta de tener un sitio propio: no necesita que estés disponible. No depende de contestar rápido. No depende de caerle bien al algoritmo. Tu web vende sola.
Alguien puede llegar porque te recomendaron, porque te vio en LinkedIn, porque le pasaron tu nombre en una reunión o porque Google hizo su magia. Y en vez de encontrarse un «hola, soy X y hago cosas» se encuentra contexto. Proyectos. Decisiones. Resultados. Cómo trabajas. Qué priorizas. Qué no haces.
Por eso me gusta tanto tener también un sitio donde escribir. Porque un portfolio sin palabras se queda corto. Y un blog sin criterio se queda vacío. Juntos funcionan muy bien: uno demuestra, el otro explica.
Si quieres cotillear mi trayectoria mientras termino de montar todo, tengo por aquí mi resumen profesional. Y sí: el portfolio está en proceso. Pero, como os decía, poco a poco. Porque Roma no se contruyó en un día.
Tu portfolio más que una galería es tu argumento
Otra opinión que me he ganado a base de ver portfolios de otras personas o sobre tener una web profesional: poner pantallazos bonitos sin explicar nada es como enseñar la portada de un libro y pretender que te aplaudan la historia.
A mí me interesa (y creo que a cualquier persona que contrata también) saber cosas como: qué problema había, qué hipótesis tenías, qué datos miraste, qué decisiones tomaste, qué renunciaste, qué impacto tuvo, y qué aprendiste cuando algo salió regular.
Nielsen Norman Group insiste bastante en el enfoque de case studies y en priorizar calidad sobre cantidad para que un portfolio sea útil de verdad y no puedo estar más de acuerdo. Si te interesa esa línea, aquí tienes una guía bastante sólida sobre cómo enfocar portfolios en UX: 5 Steps to Creating a UX-Design Portfolio.
En mi caso, esa es la idea del refresh: no quiero subir las cosas que he hecho y ya está. Quiero subir historias de producto. Con contexto. Con resultados.
Tener una web profesional es la mejor forma de experimentar
Hay algo que me encanta de tener un espacio propio: puedes experimentar u montón. Tu web es el lugar ideal para probar cosas que luego vendes como servicio o aplicas en otros productos.
Puedes testear estructura, copy, jerarquías, cómo presentas un proyecto, cómo reduces fricción, cómo llevas a alguien a contactar contigo, qué páginas retienen más, qué textos convierten mejor, qué búsquedas te traen tráfico, qué te posiciona y qué no.
Y, si estás pensando en tener una web profesional, aquí entra mi parte marketer y es algo que suelo repetir mucho a mis compis en el trabajo: Google cada vez insiste más en contenido útil y centrado en personas (no en texto para rellenar). Tener una web donde compartes experiencias reales y aprendizaje de proyectos ayuda a construir confianza y autoridad a largo plazo. Si te apetece leerlo desde la fuente, esta guía de Google es bastante clara: Creating helpful, reliable, people-first content.
A mí esto me encaja porque no quiero una web que sea solo un escaparate y ya. Quiero una web que sea una herramienta: para atraer, para explicar, para filtrar, para conectar y, de paso, para obligarme a ordenar mi cabeza.
Mi objetivo este año: poner mi trabajo en un sitio donde se entienda
El refresh ya está. Ahora viene lo que dcuesta un poco más: recopilar proyectos y contarlos bien.
Porque como te decía, el trabajo no es subir un caso de éxito y ya. El trabajo es explicar qué había detrás, qué decisiones tomé, cómo se ejecutó, qué aprendí, qué impacto tuvo. Y eso requiere parar, revisar, recopilar materiales, escribir, editar y no odiarte a ti mismo en el proceso.
Así que mi plan este año es justamente ir publicando proyectos poco a poco, empezando por los que mejor representan cómo trabajo hoy. No quiero cantidad. Quiero calidad.
Mi consejo si tú también estás posponiendo el tener tu web profesional.
Si te dedicas a diseño o marketing (especialmente si diseñas productos digitales y webs) y no tienes web, te estás quitando poder a ti mismo. No porque haya que tenerla sí o sí, sino porque te estás quedando sin un sitio donde el relato lo controlas tú.
Y si la excusa es es que aún no tienes todo listo, te entiendo. Pero de verdad: publica una primera versión. Aunque sea simple. Aunque no sea todo lo bonita que te gustaría. Aunque tenga un «portfolio coming soon» gigante (coft coft). Lo importante es que exista, que sea tuyo y que puedas iterar. Y evitar el famoso parálisis por análisis del que habábamos antes.
Es mucho mejor algo bueno publicado que algo perfecto sin publicar.
Yo lo he hecho así: primero el paso, luego el perfeccionismo. Porque el perfeccionismo sin publicación es solo una forma elegante de procrastinar.
Si te apetece contarme qué estás montando tú (o si quieres que te eche un ojo a tu web/portfolio), tienes mi página de contacto. Y si has llegado hasta aquí, gracias por pasarte por mi rincón digital. Ahora sí: volvemos a escribir por aquí.
XOXO ❤️